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Pablo Carmona

A pesar de la importancia que tiene el abrir circuitos de formación propios, los movimientos sociales pocas veces hemos sido capaces de poner en marcha instituciones colectivas estables donde los saberes dispersos pudieran agruparse y derivaran en reflexiones compartidas. Necesitamos poner en común esos saberes que se acumulan en las desviaciones críticas que muchas militantes atesoran y otras veces petrifican en departamentos universitarios. Por este motivo, sólo una apuesta formal por el aprendizaje colectivo puede permitir la reapropiación de esos conocimientos y la puesta en circulación de saberes útiles para nuestras prácticas rebeldes.

Por otro lado, estos saberes críticos tienen una columna vertebral compartida que debe ser señalada, ya que todos ellos atienden a las tradiciones del pensamiento radical del post-68. En ese sentido la preocupación por “lo subalterno”, la superación de la clase obrera como sujeto protagónico de las luchas y los factores de raza y género han reconfigurado los análisis sociales, políticos y económicos en un mundo donde el cruce biográfico y la proliferación de las realidades marginales (ahora mayoritarias) han reconfigurado el esqueleto central de la política en torno a la definición y defensa de lo común. Lejos quedan, salvo como penúltima trinchera, las viejas instituciones del Welfare, hoy derrumbadas ante la ofensiva neoliberal. Y todo lo común, incluido en primer término la producción de conocimientos, sufren el asedio de un capitalismo voraz en el consumo material e inmaterial.

Los sujetos se multiplican y las trayectorias se dispersan, por lo que todo intento por pensar y formarse en común es un esfuerzo por arruinar la lógica de la separación. Pero el reto central es investigar la diversidad sin homogeneizarla, de pensar y conceptualizar su marginalidad sin reducirla. Y, en definitiva, de crear trayectorias comunes de formación y análisis entre gentes distintas que pretendan hacer un diagnóstico conjunto de la realidad desde ópticas renovadas.

Por eso proponemos un espacio para la formación y producción de nociones comunes, que pueda recoger muchos de los saberes y prácticas relevantes para el movimiento, acumular y transmitir la memoria de las luchas, imaginar líneas de fuga, dar cuerpo a los conceptos que necesitamos y abrir nuevos espacios de conflicto.