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Mario A. Santucho

Nuestra práctica de investigación-militante se desarrolla en el contexto de una América Latina convulsionada. La anomalía latinoamericana puede pensarse en referencia a la crisis: como una capacidad social de anticiparla, desplegando recursos subjetivos que la atravesaron, habilitando una problematización más democrática de su dinámica.

Como parte de la emergencia de un nuevo protagonismo social, la investigación-militante tuvo que crear espacios propios más allá de la academia y de la militancia política tradicional, para vincularse con los movimientos sociales, producir nuevos conceptos y difundirlos. En estas instancias colectivas de pensamiento no es posible distinguir entre sujetos portadores del saber y objetos de conocimiento, y se precisa de una reflexión continua sobre el modo en que compartimos los lenguajes, elaboramos las sensaciones y valoramos los efectos de lo producido. La militancia de investigación se echa a perder de inmediato cuando se la pretende convertir en método o modelo.

Para relanzar la investigación hoy en día es necesario partir de la propia inquietud, pues ya no contamos con referencias claras ni orientaciones que provean el sentido de la búsqueda. Poner en juego una nueva disponibilidad en la desorientación, una inclinación hacia los otros capaz de asumir la inexistencia de códigos previos compartidos (pervirtiendo los que el capital nos ofrece). El desafío consiste en desplegar procesos en la discontinuidad, reconociendo las asimetrías que palpitan en una realidad signada por el impasse, desechando al mismo tiempo la crítica distante y el encapsulamiento endogámico, para construir una nueva potencia de intervención pública y autónoma.